Introducción

Jordi Gibert Arce

Cuando tenía 12 años tuve la suerte de tener un profesor enamorado de la Historia que me despertó la pasión por este área del conocimiento. Recuerdo que lo llamábamos Sr. Zamora y estaba orgulloso de ser de Villafranca Montes de Oca (Burgos).

Casualmente el año siguiente mi padre decidió cambiar el modelo de vacaciones y durante varios veranos viajamos por la Península Ibérica con nuestro coche. No teníamos una ruta prefijada y yo hacía la función de navegante, porque estaba en posesión del mapa de carreteras. Así que hacía coincidir nuestros pasos por aquellos lugares que parecían de mayor interés. Ciudades, pueblos, castillos, monasterios, etc. iban desfilando y acababan en mi cabeza y en mi película fotográfica.

Aunque mis estudios transcurrieron por la rama de las Ciencias y profesionalmente me dediqué a la gestión empresarial, la Historia ha sido mi “hobby”, como otros practican deportes o coleccionan cosas. Yo me he dedicado durante 40 años a coleccionar datos históricos. En particular de este país que algunos llaman España y otros Estado Español, porque a fin de cuentas es donde he vivido siempre.

Cuando el volúmen de información se hizo inmanejable, tuve que acotar mi estudio y lo hice seleccionando no un período de la Historia de España, sino dos, muy distintos pero de alguna forma vinculados, que son los que publico ahora para uso de todas las personas con interés en el tema.

¿Por qué el formato cronológico? Porque es la mejor manera de establecer el proceso causa-efecto de manera clara, minimizando los “timos históricos”. Durante mucho tiempo se ha denigrado este sistema ridiculizándolo como una “lista de fechas y batallitas” cuando lo que se pretendía es sacar conclusiones falsas, anteponiendo el carro a los bueyes o ignorando largos períodos. El resultado es que muchos profesionales han contribuído, voluntaria o involuntariamente, a frecuentes tergiversaciones de la Historia por ignorar las fechas y aún hoy en día en bastantes fuentes de información podemos encontrar afirmaciones de que tal persona hizo tal cosa en una fecha en que o no había nacido o ya había muerto y por tanto parte de la información (o toda ella) es falsa y lo peor es que no sabemos qué parte es. Y sorprende que los periodistas tengan que recurrir con frecuencia a videos fechados y a las hemerotecas para demostrar que alguien efectivamente dijo lo que dijo “antes” o “después” de un hecho y no al revés, como otros afirman con intención de tergiversar los hechos. Por suerte para las personas honestas, el tiempo transcurre en una sola dirección.

Al tratarse de una cronología, el criterio primario de clasificación es el año y dentro de él se sigue un criterio geográfico, salvo cuando el mes y día son relevantes. El buscador permitirá acceder directamente a aquellos años donde aparezca la palabra buscada. Como ayuda se ofrecen índices onomásticos y geográficos, pues no siempre los nombres y los lugares se han escrito de forma idéntica ya que una persona puede aparecer con su nombre (a veces con distintas grafías) o con su cargo o título y las poblaciones han cambiado de nombre a lo largo del tiempo.

Aunque he identificado y corregido numerosos errores de las fuentes de información, seguro que algunos se me han escapado. Pido disculpas por adelantado. Cuando la fecha es incierta se ha ubicado en la más aceptada, pero mencionando la alternativa al final del párrafo.

No espere el lector encontrar una Bibliografía al uso ni citas a pie de página. Lo primero es inviable porque las fuentes consultadas han sido miles. Lo segundo es una molestia que deseo ahorrar a mis lectores. Quien sienta la imperiosa necesidad de conocer la fuente primaria de un dato en concreto seguro que la acabará encontrando, en una biblioteca o en Internet.